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segunda-feira, 26 de maio de 2008

Declaración de La Habana

La agricultura orgánica puede contribuir a resolver la crisis alimentaria y mitigar el cambio climático global, siempre que esté basada en los principios de la Agroecología.

A esta conclusión llegaron más de 400 cubanos, 132 delegados extranjeros de 26 países, pertenecientes a organizaciones de agricultores, indígenas, investigadores, técnicos, docentes, estudiantes y miembros de ONGS de Latinoamérica y Europa, en el VII Encuentro Internacional de Agricultura Orgánica y Sostenible, organizado por la ACTAF, celebrado en La Habana entre el 13 y 16 de mayo del 2008.

En el Encuentro se trataron temas relacionados con la agricultura urbana, las tecnologías agroecológicas y la experimentació n e innovación hecha por campesinos, los indicadores de sostenibilidad, la comunicación, educación y extensión en una agricultura sostenible, las respuestas de la Agroecología al cambio climático, la certificación participativa y comercializació n de alimentos orgánicos y la conservación y manejo de recursos naturales.

A pesar de la acelerada urbanización que experimenta América Latina, en el campo latinoamericano viven unos 125 millones de personas, sobre todo pequeños productores, que abastecen gran parte de la producción de alimentos para el consumo local. Practican una agricultura tradicional de bajo uso de insumos y muchos de ellos con base agroecológica, sin ser reconocidos como productores ecológicos, aunque con estrategias más sustentables que los modelos agroquímicos de la revolución verde.

Por otra parte, quedó demostrado que los sistemas agroecológicos de producción pueden ser más productivos, resistir mejor los fenómenos climáticos y por su bajo uso de recursos energéticos no renovables, son más sustentables económica, ecológica y socialmente.

Las iniciativas productivas agroecológicas en todos nuestros países, mantenidas por las comunidades y pequeños y medianos productores, desde siempre han demostrado su viabilidad económica, social y ambiental. Estas iniciativas que señalan rutas de desarrollo rural y agrícola, requieren del apoyo político del Estado y de la sociedad para su consolidación y generalizació n en los territorios hoy amenazados de desaparecer por los monopolios depredadores.

Sin embargo, a pesar de su crecimiento, hasta el momento, la producción agroecológica en América Latina no cuenta con el respaldo de políticas públicas favorables y de largo plazo para consolidarse como una alternativa para los pequeños productores y para enfrentarse a las presiones de la agroindustria monopólica que destruye alimentos, ecosistemas, recursos genéticos y pueblos (G. Kastler, Planet Diversity, mayo 2008, Bonn).

Las tecnologías que promueve la agroindustria como los transgénicos, la producción de agrocombustibles con plantas alimenticias y otras, solamente agravan los problemas y profundizan la crisis de alimentos.

En la última Conferencia de la de la FAO (Roma, 2007) los participantes manifestaron que existe suficiente evidencia científica de que la agricultura orgánica puede contribuir de forma decisiva a alimentar a la población mundial y garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos. Mientras que la Conferencia Regional Latinoamericana de la FAO (Brasilia, 2008) recomendó que se incluya el tema de la Agroecología y los sistemas de producción orgánica en la próxima agenda regional. En esta misma conferencia, organizaciones indígenas y sociales de Latinoamérica, declararon la importancia de valorar y promover a los principios de la Agroecología como estrategia para producir alimentos de alta calidad, respetando los ecosistemas y reconociendo los conocimientos de los campesinos, indígenas y agricultores familiares.

La agroecología apunta a lograr la soberanía alimentaria, favorecer el empleo rural y el uso de tecnologías apropiadas que mejoren la productividad; fortalecer el tejido social promoviendo relaciones equitativas entre el campo y la ciudad, fundamentalmente desde el intercambio y en el acceso al conocimiento; fomenta la participación de las organizaciones de campesinas, pequeños y medianos productores, en la formulación de políticas y en la toma de decisiones que tengan que ver con nuestra soberanía productiva y alimentaria, el acceso, uso y conservación de los recursos naturales; apunta a recrear el conocimiento ancestral y las tradiciones alimenticias de nuestros pueblos; y, como propuesta ambiental, se fundamenta en la conservación de los recursos naturales y el mantenimiento de las funciones de los ecosistemas.

Por todo ello:

  1. Recomendamos a las sociedades y los gobiernos el apoyo a las estrategias de producción de alimentos en base a los principios agroecológicos.

  2. Reafirmamos que la inminente epidemia de hambre que acecha al mundo, solo puede ser enfrentada por nuestros países desde una Soberanía Alimentaria y esta solo es factible desde una agricultura sostenible sobre bases agroecológicas;

  3. Demandamos una mayor participación de los agricultores en la investigación, y que el saber campesino sea parte de los procesos de capacitación y de desarrollo ;

  4. Requerimos un enfoque sistémico en la formación de técnicos y profesionales en ciencias agrarias, ambientales y afines así como en la investigación, que contemple las dimensiones sociales y ambientales, donde Agroecología y el desarrollo sostenible sean ejes transversales de dichas estrategias.

  5. Rechazamos a los transgénicos como solución al problema del hambre en el mundo;

  6. Exigimos el reconocimiento de los procesos de certificación participativa por los todos los Gobiernos y un mayor desarrollo de los mercados locales y regionales en América Latina.

  7. Demandamos el reconocimiento explicito del decisivo papel de la mujer tanto en los procesos productivos, como en la formación agroecológica, para su mayor participación en la toma de decisiones

  8. Por ultimo, pedimos el fortalecimiento del papel de los sistemas agroecológicos en la mitigación del cambio climático y el aporte de servicios ambientales a la Sociedad

Firmantes

Organizaciones regionales

IFOAM Galci

MAELA, como Movimiento Agroecológico de Latinoamérica y El Caribe,

RAPAL

SOCLA, Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecologia

Via Campesina

Asociaciones nacionales

ABA, Asociación Brasileña de Agroecologia, Brasil

ACTAF, Cuba

ACPA, Cuba

Asociación Grupo Ecológica INEM-GREI, Colombia

Ecofondo regional Orinoquia, Colombia

Fundación Sembradores de Esperanza, Colombia

Fundación AGRECOL Andes, Bolivia

SEAE, España

Aneel autoriza geração de energia em propriedades rurais

O diretor-geral brasileiro da Itaipu Binacional, Jorge Samek, anunciou no último dia 20, no Fórum Global de Energias Renovaveis, em Foz do Iguaçu, que recebeu do diretor-geral da Agência Nacional de Energia Elétrica (Aneel), Jerson Kelman, a garantia de que o órgão federal vai aprovar o projeto de Geração Distribuída (produção de energia junto à unidade consumidora), modalidade que foi implantada e testada pela empresa em parceria com a Companhia Paranaense de Energia (Copel), na região Oeste do Paraná. "O trâmite do projeto na Aneel já caminhou 99%, faltando apenas algumas formalidades burocráticas que serão concluídas dentro de 15 dias", comemorou Samek, que recebeu a notícia de Kelman ontem, por telefone.

A Geração Distribuída é a modalidade de produção de energia que viabiliza a adoção de pequenas unidades geradoras, baseadas em fontes renováveis. Apesar de haver um marco regulatório para o tema (Decreto Federal 5.163, de 2004, e Norma Técnica 167 da Aneel, de 2005) faltavam estudos que estabelecessem parâmetros operacionais. Por isso, a Itaipu e a Copel se uniram para viabilizar esse tipo de geração em uma granja de suínos localizada em São Miguel do Iguaçu. A partir do referendo da Aneel, as empresas do setor elétrico poderão comprar a energia produzida em propriedades como essa.

Nessa propriedade, os dejetos de 3 mil suínos são acumulados em um biodigestor, onde geram biogás, que é utilizado para movimentar um motogerador que abastece toda a infra-estrutura, inclusive um conjunto de residências. A energia excedente (em uma semana de testes foram gerados 380 megawatts/hora de sobra) é incorporada à rede pública graças a um painel fornecido pela Woodward e aprimorado pela Copel, que permite controlar o fluxo da eletricidade entre as redes interna e externa. "O principal aspecto não é o energético, mas o econômico, pois além da economia na conta de luz, o produtor rural passará a ter uma nova fonte de renda. Além disso, essa modalidade tem grande potencial para fomentar a economia local, com a aquisição de produtos e serviços", acrescenta Samek.

A partir dessa experiência, a Itaipu implantou, com outros parceiros, outras unidades do gênero, como a Estação de Tratamento de Esgoto Ouro Verde, com a Sanepar, onde os resíduos do tratamento geram energia, combinados com a instalação de painéis fotovoltáicos, para produção de energia solar. Também são parceiros a Cooperativa Lar e a empresa Star Milk, ambas com projetos de geração energética a partir da biomassa residual da atividade agropecuária.

A principal vantagem do uso de biodigestores para a produção de energia é ambiental, já que o processo reduz em 80% as cargas orgânicas dos efluentes. E o processo tem como subproduto o biofertilizante, para ser usado na agricultura. "Um dos grandes vilões do aquecimento global é o gás metano (CH4), decorrente dos dejetos da pecuária e também do esgoto urbano", explica Samek. "Estamos mostrando as inúmeras possibilidades que temos de produzir energia limpa, provando que é possível compatibilizar crescimento econômico, geração de emprego e renda e preservação ambiental".

Fonte: Agência Envolverde

segunda-feira, 12 de maio de 2008

Agrotóxicos nos alimentos

Brasília, 23 de abril de 2008 - 11h30

Divulgado resultado do monitoramento de agrotóxicos em alimentos

O tomate, o morango e a alface foram os alimentos que apresentaram os maiores números de amostras irregulares referentes aos resíduos de agrotóxicos, durante o ano de 2007. Os dois problemas detectados na análise das amostras foram teores de resíduos acima do permitido e o uso de agrotóxicos não autorizados para estas culturas. Já a batata e a maçã tiveram redução no número de amostras com resíduos de agrotóxicos.
Os dados são do Programa de Análise de Resíduos de Agrotóxicos em Alimentos (Para), coordenado pela Agência Nacional de Vigilância Sanitária (Anvisa), em parceria com as Secretarias Estaduais de Saúde. No balanço geral, dos nove produtos avaliados (alface, batata, morango, tomate, maça, banana, mamão, cenoura e laranja), o índice de amostras insatisfatórias ficou em 17,28%.
O caso que mais chamou a atenção foi o do tomate. Das 123 amostras analisadas, 55 apresentaram resultados insatisfatórios, o equivalente a 44,72%. Nesta cultura, os técnicos encontraram a substância monocrotofós, ingrediente ativo que teve o uso proibido em novembro de 2006, em razão de sua alta toxicidade.
Ainda em relação a esta cultura, embora os teores de resíduos encontrados não ultrapassem os limites aceitáveis para a alimentação diária da população, foi detectada a presença do metamidofós no tomate de mesa. Este agrotóxico é autorizado apenas para a cultura de tomate industrial (plantio rasteiro), que permite aplicação por via área, trator ou pivô central, evitando assim a possibilidade de intoxicação do trabalhador rural. O metamidofós também foi encontrado no morango e na alface, culturas para as quais não é permitido o uso deste agrotóxico.
A batata, que em 2002, primeiro ano de monitoramento do Programa, apresentava índice de 22,2% de uso indevido de agrotóxicos, teve o nível reduzido para 1,36%. A maçã, que chegou a apresentar índice de 5,33% neste período, fechou 2007 com incidência de 2,9%.
ParaO objetivo do Para, criado em 2001, é manter a segurança alimentar do consumidor e a saúde do trabalhador rural. O Programa abrange 16 estados e deve chegar a todo o país até 2009. A escolha dos itens leva em consideração a importância destes alimentos na cesta básica do brasileiro, o consumo in natura, o uso de agrotóxicos e a distribuição das lavouras pelo território nacional. O Programa funciona a partir de amostras coletadas em pontos de venda pelas vigilâncias sanitárias dos estados e municípios. As equipes enviam o material para os laboratórios de resíduos de agrotóxicos.Caso a utilização de agrotóxicos esteja acima dos limites permitidos pela Anvisa, os órgãos responsáveis pela áreas de agricultura e meio ambiente são acionados para rastrear e solucionar o problema. As medidas em relação aos produtores são de orientação para adoção de boas práticas agrícolas.

quarta-feira, 7 de maio de 2008

Mobilização retomar nossos sistemas alimentares na Era “Pós-Pico” do petróleo

Miguel A Altieri
Universidade da Califórnia, Berkeley

A agricultura mundial parece estar se aproximando de uma encruzilhada. A economia globalizada atribuiu aos 1.5 bilhões de hectares de terras cultiváveis uma série de exigências conflitantes. Não só essa terra é necessária para a produção de alimentos para um número cada vez maior de pessoas, como também deve satisfazer às exigências crescentes pelos biocombustíveis. Tudo isso deve ser feito de um modo ambientalmente correto, conservando a biodiversidade e reduzindo as emissões que causam o efeito estufa e representando, ainda, uma atividade lucrativa para milhões de agricultores. Essas pressões estão desencadeando uma crise no sistema alimentar mundial de alcance sem precedentes, já evidente nos protestos devido à escassez de alimentos, que acontecem em muitas partes do mundo. Esta crise, que ameaça a segurança alimentar de mais de 800 milhões de pessoas famintas no planeta, é o resultado direto do modelo de agricultura industrial dominante, que não só é perigosamente dependente dos combustíveis fósseis, como também tornou-se a maior fonte do impacto humano na biosfera. Na verdade, existem hoje tantas pressões sobre os ecossistemas cultiváveis em diminuição, que a agricultura está minando a capacidade da natureza de satisfazer as necessidades alimentares, energéticas e de matéria prima da humanidade. O drama consiste no fato de que a agricultura depende de muitos serviços ecológicos (ciclo da água, polinizadores, formação de solo fértil, clima local apropriado, etc.) que a agricultura intensiva constantemente degrada ou força além dos seus limites.

Antes do fim da primeira década do século XXI, a humanidade está percebendo rapidamente que o modelo agrícola industrial do ocidente, baseado no uso de combustíveis fósseis e no capital intensivo, não está produzindo o suficiente para atender as demandas alimentares dos vários países. A explosão do preço do petróleo irá inevitavelmente aumentar os custos de produção e os preços dos produtos alimentares, que chegaram ao ponto em que, hoje, um dólar compra 30% menos de comida que há um ano atrás. Esta situação está se agravando rapidamente pelo fato de que as terras cultivadas têm sido convertidas da produção de alimentos para a produção de biocombustíveis e também pelas alterações climáticas que já reduzem o rendimento das culturas devido às secas, inundações e outros fenômenos climáticos imprevisíveis. A expansão de áreas dedicadas a culturas transgênicas ou ao biocombustível irá exarcebar ainda mais os impactos ecológicos das vastas monoculturas, que constantemente ignoram os serviços de natureza. Além disso, a agricultura industrial atualmente contribui com pelo menos um quarto das emissões dos gases causadores do efeito estufa, principalmente metano e óxido nitroso. A continuação deste sistema dominante de degradação, como o promovido pelo atual paradigma econômico neoliberal, não é mais uma opção viável.

O desafio imediato para a nossa geração é transformar a agricultura industrial e iniciar uma transição nos sistemas alimentares, distante da relação de dependência com os combustíveis fósseis. Precisamos de um paradigma de desenvolvimento agrícola alternativo, que estimule formas de agricultura ecológica, social e biodiversamente mais justas. Remodelar toda a política agrícola e o sistema alimentar de forma que sejam ambientalmente corretos e economicamente viáveis para os agricultores e os consumidores irá exigir grandes mudanças nas forças políticas e econômicas que determinam o que está sendo produzido, por quem e para quem. O liberalismo comercial sem controle é o mecanismo-chave de expulsão dos agricultores de suas terras e o principal obstáculo ao desenvolvimento econômico local e à segurança alimentar. Só desafiando o controle que as grandes corporações multinacionais exercem sobre do sistema alimentar e mudando o modelo de agricultura orientado para exportação e para o livre comércio é que a espiral de pobreza, baixos salários, migração rural-urbana, fome e degradação ambiental poderá ser detida.
O conceito de soberania alimentar, tal como promovido pelo movimento mundial de pequenos agricultores, a Via Campesina, constitui a única alternativa viável à atual sucumbência do sistema alimentar mundial, que falhou em suas suposições de que o comércio internacional seria a chave para solucionar o problema alimentar do mundo. Em vez disso, a soberania alimentar concentra-se em circuitos locais fechados de produção e consumo e ações comunitárias para o acesso à terra, à água, à agrobiodiversidade, etc., os quais têm uma importância central para que as comunidades possam ter controle a fim de serem capazes de produzir localmente alimentos com métodos agroecológicos. Não há dúvidas de que a aliança entre agricultores e consumidores tem uma importância estratégica. Além de um movimento para baixo na cadeia alimentar, que implica em consumir menos proteína animal, os consumidores também têm de perceber que a sua qualidade de vida está firmemente associada ao tipo de agricultura praticada em áreas rurais vizinhas, não só por causa da qualidade da comida produzida, mas também porque a agricultura é a produtora multifuncional de uma série de serviços ambientais tais como a qualidade de água e conservação de biodiversidade. Mas esta multifuncionalidade só pode emergir se as paisagens agrícolas são salpicadas por pequenas propriedades diversificadas, que, como os estudos mostram, podem produzir de 2 a10 vezes mais por unidade de área que as grandes fazendas corporativas. Nos EUA, os 25% dos agricultores mais bem sucedidos que empregam métodos sustentáveis, que são em sua maioria de médio porte, possuem rendimentos mais altos que os agricultores convencionais e exercem um impacto negativo muito menor no ambiente, reduzindo a erosão do solo e conservando a biodiversidade. As comunidades rodeadas de pequenas unidades de produção populosas experimentam menos problemas sociais e têm economias mais sãs do que as comunidades rodeadas de grandes fazendas de monoculturas, despovoadas e mecanizadas. Assim, deve ser óbvio para os moradores da cidade que comer é tanto um ato político quanto ecológico; que comprar alimentos nos mercados locais de agricultores irá apoiar o tipo de agricultura pós-pico do petróleo, que é urgentemente necessária, ao mesmo tempo em que comprar alimentos em supermercados perpetua uma trajetória agrícola insustentável.
A dimensão e a urgência do desafio que enfrentamos não encontram nenhum precedente, mas o que precisa ser feito é ambiental, econômica e politicamente possível. A velocidade com a qual essas mudanças devem ser implementadas é grande, mas é duvidoso que possamos reunir a vontade política para transformar radicalmente o nosso sistema alimentar antes que a fome e a insegurança alimentar alcancem níveis mundiais e irrevogáveis.